“De la conciencia al pensamiento, del pensamiento a la acción, de la acción al hábito, y del hábito al destino….”

Si hay un factor permanente y absoluto en nuestras vidas ese es sin duda, el cambio. Todo cambia y se transforma.

Tenemos en nuestras manos, el momento presente para ir diseñando absolutamente todo. La creación de hacia donde, o qué, e incluso como queremos vivir nuestras vidas. Nosotros somos los creadores de nuestra realidad y de todo lo que dibujamos en ella.
Con este concepto claro, podríamos decir que el futuro de la humanidad depende de las acciones de todos los aquí presentes, de la generación actual. Cada uno de nosotros es responsable de crear a su alrededor, de los pensamientos y comportamientos que generamos en nosotros mismos, en nuestros hijos, y en los demás, a través de las palabras y las acciones.
Por su puesto queremos mejorar en todos los ámbitos de nuestra vida, como individuos y como sociedad, pero, ¿estamos haciéndolo bien?. Hazte esta pregunta, y observa tus respuestas.

A juzgar por los acontecimientos de nuestros días, existen indicios bastante claros de que nuestra actitud general es desacertada. La mayoría son de nuestra propia cosecha, así que si la humanidad en conjunto aplicara actitudes más adecuadas y globales, estas situaciones podrían cambiar con gran rapidez.

En este sentido los padres tenemos una responsabilidad muy concreta, y es la de sembrar en nuestros hijos los hábitos y actitudes que más les ayuden en las situaciones que les tocará vivir. Prepararles para la vida presente y futura. Para ello utilizamos la enseñanza, pero la enseñanza es una palabra, que abarca mucho más de lo que aparenta.

La enseñanza moderna es buena en muchos aspectos, sí, pero se basa principalmente en desarrollar la educación intelectual. La constante creciente de exigencia intelectual y social hace que la mente de nuestros jóvenes se sature, sin prestar mucha atención al desarrollo de la persona en su totalidad, de su potencial, o sus capacidades personales, o a ser un buen Ser humano y desarrollar buenos sentimientos, empatía y unidad, apartados del miedo y el sufrimiento.

Por eso hay que aplicarse muy especialmente en la educación y el desarrollo personal, familiar, social y global a una escala mucho mayor.

Y es que ahora nos toca ser más conscientes y consecuentes con todo lo que hacemos. Ya no vale hacerse el tonto. Las cosas están cambiando. Todo en nuestro mundo actual se interrelaciona de tal manera, que las personas nos estamos dando cuenta de que todo lo que ocurre en nuestro planeta, nos afecta directamente de una forma u otra, y que mirar hacia otro lado, ni sirve de nada, ni nos hace felices.

Se dice y también se siente, que este milenio es el milenio donde el Ser Humano está madurando en este sentido, en tener mayor conciencia de que lo que hacemos, repercute en todo y en todos, y por esto debemos educarnos más y mejor en esto, y ofrecer también estas herramientas a las generaciones que han de sostener esta mentalidad en un futuro próximo, ya que de no hacerlo, el mundo podría no ser sostenible.

Este proceso de maduración necesaria, pasa por el autodesarrollo personal. Despertar en este sentido es y será de vital importancia en los años venideros.

En este sentido, lo que Yoga nos enseña es un camino de educación ética con nosotros mismos y con el mundo. Un desarrollo interno de auto conciencia que aporta inteligencia, coherencia, respeto, fortaleza y unión.

Ofrecer herramientas de tal capacidad, es una bonita forma de contribuir en la educación y evolución personal de los más jóvenes, y en su proyección hacia el futuro en el mundo.

Crecer con Yoga,  una garantía de evolución en todos los sentidos…

Yoga, una ciencia para la Vida!